Manos consagradas por la vida
(a todos los profesionales de ginecología y obstetricia que defienden la vida y aquellas mujeres que ayudaron a nuestras madres a traernos al mundo)
Manos consagradas por la vida, que han acariciado el tiempo y han
engendrado historia.
Manos prisioneras del milagro de ver en la fragilidad de un instante que
nace, que ya es vida, que es realidad, la presencia de lo Eterno..
Manos tendidas en la noche para intuir que la vida es de Dios, como un
puente que ayuda a vislumbrar la luz de nueve meses de espera y de
promesa.
Manos que han abierto promesa humana (cada ser que nace) y proyecto divino
(es imagen de Dios).
Manos que nos recuerdan, empujando la espera y alumbrando la promesa,
que somos obra buena y bella.
Manos que se rompieron en la noche luchando por lograr que hubiera
vida, que triunfara la vida...
Manos que acarician en el tiempo un retazo de Cristo entre sus
brazos.
Manos que han seguido tantas historias cuando solo eran proyecto
y células de vida, que han presagiado el tiempo y el momento..
Manos
consagradas por la vida que las manchó tu sangre y les dolió tu llanto, el
llanto humano en cada retazo de vida...
Manos que
han escrito en el amplio libro de la vida tu
primer renglón humano: "es niña/o y está viva/o".
Manos consagradas por los cuerpos de tantos miembros de
Cristos que descansaron en ellas
Gracias esas manos los seres humanos estamos en la historia, es
verdad que el parto viene y con ayuda o sin ella en la gran mayoría de casos la
vida triunfa, pero triunfar apoyados ya desde ese primer momento por unas manos
que te cobijan es diferente. Son el primer contacto humano que tenemos al nacer, las manos de la matrona o del ginecólogo, después pasamos a las manos de nuestra madre.
Sor María Ángeles Martínez OP
