EL VERBO


 Sor María Ángeles Martínez OP  ©

 


A los  que lucharon por un mundo más justo y nunca aparecieron en los periódicos ni fueron materia de comentario mundial

(Escritos de juventud -  1989)

Vosotros formáis ese murmullo misterioso de la gracia que va surcando el devenir del corazón de la humanidad y deja en el cosmos un sabor a vida.

…..Fue una tarde cualquiera, una de tantas tardes que mueren con el crepúsculo sangriento del sol, cuando la silueta de tu cuerpo cayó para ser sepultado  transformándose para siempre en simiente de vida: fueron las balas de un fusil de muerte. 

…..Era aquella noche de inquietud y misterio, cuando la oscuridad empobrecía la plenitud del tiempo, fuiste convertido en lucero de la humanidad, en trigo limpio de molino blanco, fueron unas cuantas monedas que traicionaron los incontables días de tu entrega  callada y de tu mano amiga, de tu corazón abierto y tu  amable sonrisa.

……Creciste para la vida y tus ojos se abrieron frente aquel amasijo de violencia  que intentaba cerrar las puertas de tu pueblo libre, creciste para la paz y te ofrecieron una escuela de odio y desamor, ¡no fuiste un buen alumno, demasiado peligrosa tu juventud!, envejecieron con el sufrimiento tus sienes; tu guitarra la que tantas veces dio voz a tu alma se quebró con el llanto de tu juventud rota, por el llanto de los derechos de tu pueblo resquebrajado, como las hojas del otoño que caen y se pisotean. Tu guitarra es ahora el sonido del viento que ha recogido tu última mirada, para depositarla allí donde  el amor se traduzca en evangelio, en donación, en lucha, en entrega, en cruz.

…… Alguien te contó como algo muy remoto y lejano, que también para ti fue creada la libertad, desde el techo opresor de la soledad de tu fría cárcel, apenas percibes ese rayo de esperanza que te dice que eres libre; puede que esta noche o mañana o en cualquier momento, intentarán lavar con la muerte el oscuro color de tu piel, porque ¡eres negro!.    

…..Tú dibujaste sobre el surco caliente de la fértil tierra, el sello del cansancio  por el fruto de una mañana más humano, más estable. Pero… tu fuerza era el amor y tu azada la paz de tu pobreza honrada, ¡no son metas productivas!, surgieron leyes claras y tu tierra engrosó el multinacional latifundio de los bosques talados y tu rostro cobrizo regó con el tormento el surco que te vio luchar y envejecer por un mañana más justo.

 ….Murmullo misterioso de la vida que irrumpís en mi alma con una fuerza de presencia que me arrastra hasta el infinito  de Dios. Vosotros habéis  regado el mundo con la vida que nace más allá de la  muerte para darle a la humanidad calor y color de libertad. 

Sor María Ángeles Martínez OP