A los que lucharon por un mundo más justo y nunca aparecieron en los
periódicos ni fueron materia de comentario mundial
(Escritos de juventud -
1989)
Vosotros
formáis ese murmullo misterioso de la gracia que va surcando el devenir del
corazón de la humanidad y deja en el cosmos un sabor a vida.
…..Fue una
tarde cualquiera, una de tantas tardes que mueren con el crepúsculo sangriento
del sol, cuando la silueta de tu cuerpo cayó para ser sepultado transformándose para siempre en simiente de vida: fueron las balas de un fusil
de muerte.
…..Era
aquella noche de inquietud y misterio, cuando la oscuridad empobrecía la
plenitud del tiempo, fuiste convertido en lucero de la humanidad, en trigo
limpio de molino blanco, fueron unas cuantas monedas que traicionaron los
incontables días de tu entrega callada y
de tu mano amiga, de tu corazón abierto y tu
amable sonrisa.
……Creciste
para la vida y tus ojos se abrieron frente aquel amasijo de violencia que intentaba cerrar las puertas de tu pueblo
libre, creciste para la paz y te ofrecieron una escuela de odio y desamor, ¡no
fuiste un buen alumno, demasiado peligrosa tu juventud!, envejecieron con el
sufrimiento tus sienes; tu guitarra la que tantas veces dio voz a tu alma se
quebró con el llanto de tu juventud rota, por el llanto de los derechos de tu
pueblo resquebrajado, como las hojas del otoño que caen y se pisotean. Tu guitarra
es ahora el sonido del viento que ha recogido tu última mirada, para
depositarla allí donde el amor se traduzca en evangelio, en donación, en lucha, en
entrega, en cruz.
…… Alguien
te contó como algo muy remoto y lejano, que también para ti fue creada la
libertad, desde el techo opresor de la soledad de tu fría cárcel, apenas
percibes ese rayo de esperanza que te dice que eres libre; puede que esta noche
o mañana o en cualquier momento, intentarán lavar con la muerte el oscuro color
de tu piel, porque ¡eres negro!.
…..Tú
dibujaste sobre el surco caliente de la fértil tierra, el sello del
cansancio por el fruto de una mañana más
humano, más estable. Pero… tu fuerza era el amor y tu azada la paz de tu
pobreza honrada, ¡no son metas productivas!, surgieron leyes claras y tu tierra
engrosó el multinacional latifundio de los bosques talados y tu rostro cobrizo
regó con el tormento el surco que te vio luchar y envejecer por un mañana más
justo.
….Murmullo misterioso de la vida que irrumpís
en mi alma con una fuerza de presencia que me arrastra hasta el infinito de Dios. Vosotros habéis regado el mundo con la vida que nace más allá
de la muerte para darle a la humanidad
calor y color de libertad.
Sor María Ángeles Martínez OP

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