LA PÁGINA SIGUIENTE
¿Impresiones
sobre el encuentro
internacional de vida
consagrada
en
Roma? Pues… ¿y
si os
digo que todo comenzó en Galilea? «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me
refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios
con la fuerza del Espíritu Santo, que
pasó
haciendo el bien y curando a los oprimidos por
el
diablo, porque
Dios estaba con Él ». Pues sí, aunque
parezca paradójico, todo comenzó en Galilea, de no ser así no estaría en estos momentos intentando compartir algo de lo acaecido en el encuentro. Lo que nuestros ojos vieron y palparon en Roma sólo tiene sentido desde el encuentro profundo con el Pescador de Galilea, sin esa historia personal con el Jesús histórico la Vida consagrada
hace
siglos que habría sido, sin lugar a
dudas, una quimera. Todo comenzó con Aquel
que,
después de 2000 años, sigue despertando vidas, enamorándolas y cubriéndolas de belleza, la belleza de quien dejó en la historia la
hendidura profunda de un amor que va más allá de los límites para darle
al
tiempo contexto y
credibilidad, la credibilidad que confiere la huella profunda de la entrega. La Madre
María Ignazia Angelini, OSB, de la que hablaré más adelante, nos dijo en su ponencia “que en Galilea ha de situarse todo nuevo comienzo”, para nosotras las contemplativas este encuentro supone sin ninguna
duda un nuevo comienzo, la página siguiente (no la anterior) de siglos de vida y de historia.
Y como todo comenzó en Galilea, cuando a las 6 de la mañana
del día 28 de enero me
acerqué al aeropuerto de Manises, en Valencia, una larga fila de pasajeros me indicaba
que llevábamos el
mismo
destino:
encuentros agradables, allí estaba
la
Presidenta
Federal de las Capuchinas de Valencia, la Hermana Pepa Grau, tan querida y conocida en nuestra federación, con la monja que le
acompañaba, así como la M. Rosa
Mª, Presidenta Federal de
las Clarisas de Valencia, le acompañaba otra monja clarisa de
Zaragoza, por
allí
apareció
también
la
M.
Natividad, Presidenta Federal
de las Agustinas con su querida secretaria la Hermana Cecilia, Rosa Calabuig, de la Alianza
de María, con otras laicas de
la Asociación, un religioso terciario capuchino, simpatiquísimo,
que nos recordó con su sonrisa que “las caras de vinagre” no volaban aquella mañana con
Iberia.
Hábitos marrones,
grises, negros, blancos, largos,
más
largos, más cortos, sin hábito… pero todos de
la marca del Galileo. Esperamos noventa minutos más del horario previsto hasta que el avión despegó rumbo a la ciudad eterna. El aeropuerto Fiumicino apareció inundado
de religiosos (los menos), religiosas y
más colorido de hábitos… Yo
creo que
esa mañana
los/as fundadoras
estrenaron un telescopio cósmico para percibir desde la inmensidad de su vida en Dios cómo
palpitaban los suyos/as: Agustín, Benito, Escolástica, Bernardo,
Domingo, Francisco, Clara, Teresa, Juan de
la Cruz, etc. ¡Las
monjas contemplativas convocadas por
primera vez en la historia de la iglesia para ser escuchadas! ¿Darían crédito a lo contemplado? 400 contemplativas en camino, la vida contemplativa en camino… Una operación plus ultra
(más
allá) como fruto de un largo proceso en el
cual
vamos
intentando
dejarnos oír. La historia se escribe
siempre con más silencios que palabras,
porque forma parte de la profecía del Reino y el profeta es el que deja en el camino más que una palabra, una vida.
A las 6 de la tarde de ese mismo día
28 la basílica de San Pedro respiraba vida, se daba inicio al encuentro con una
solemne vigilia de oración,
más de 5.000 consagrados/as queríamos testimoniar al mundo que seguimos seducidos por la belleza
de Dios que nos invitó a
reproducir la “forma de
vida que su Hijo tomó para sí cuando vino al mundo”
(VC.16) y que nos ha llevado a escuchar su voz en los gemidos profundos de la humanidad y a comprometer la vida incluso desde la “precariedad” como nos compartió el P. Miguel Márquez OCD, para “bajar al valle de la humildad
y convertirnos en
aprendices del asombro y de la fascinación”.
Monseñor Carballo nos
invitaba en su homilía
a responder a esa llamada a
ser felices que
conduce a la alegría que “para un consagrado no es una posibilidad sino una responsabilidad”. Por ello monseñor João Braz
de Aviz, Prefecto de la Congregación, en la
charla
introductoria al inicio del encuentro
nos
volvió a recordar la necesidad de ser
“profetas, especialistas
en comunión y expertos en amor y misericordia”; es nuestra identificación personal si nos consideramos discípulos
de Jesús. El jesuita Christoph Theobald, en la primera ponencia del día 29 nos ayudó a reflexionar
sobre
ese discipulado como una proyección de
la vida a la luz de la identificación con Él, la proyección sobre nuestra vida de la Palabra al servicio de nuestra
“Galilea de hoy”, es decir,
una vida consagrada que asume la
historia desde sus
raíces más profundas, la historia de
hoy, la página actual de la humanidad que busca un futuro sobre el que siente la incertidumbre y la desesperanza,
para ello invitó al descentramiento para escuchar otras voces nuevas, que no son las
“de siempre”, las definía como “una nueva constelación espiritual que está
emergiendo”.
Para ello nos invitó al aprendizaje del arte de morir cada día como condición de un carisma, la Vida Consagrada, que comenzó en Galilea pero debe prolongarse en la “Galilea de hoy” y de cada época.
La M. Maria Ignazia Angelini,
benedictina, expuso con una gran sensibilidad contemplativa, cómo vislumbrar esta nueva “Galilea”
desde
un modo de habitar el hoy
de la historia: desafíos hacia el futuro. La experiencia religiosa parte de la escucha como “alma de la
contemplación”. La escucha nos abre a la belleza que con mirada
contemplativa nos desvela
la realidad. “La belleza es esplendor de la verdadero…
manifestación de la realidad
de la vida que cada uno lleva en
su interior: lo verdadero”
(Contemplad. Carta a los consagrados/as, nº 33). Esta escucha y
mirada son un estilo de vida en Jesús de
Nazaret: “Jesús escucha la voz del Padre que es mirada, pero es ante todo
escucha del mundo”. Él lee las Escrituras y lee los rostros de su Pueblo… es la esencia de su mensaje y la esencia de la dimensión contemplativa
de
la vida consagrada: leer
los rostros de nuestro pueblo para
actuar como actuó el Galileo.
Pero “para convertirnos en mensajeros, antes tenemos que
ser
conducidos a un lugar donde volvemos a ser engendrados,
gestados y dados a luz,
siguiendo los pasos de Jesús”.
Así de asombrados nos dejó el carmelita Miguel Márquez en la exposición de su ponencia:
“Contemplativos en la precariedad, dejarse nacer”. Un nacer de nuevo desde la alegría
que
pone en camino nuestra vida, porque la contemplación es un camino de
verdad que nos enseña a escrutar y a discernir nuestra contemplación y nuestra acción: “El verdadero orante
compromete su vida entera, pegado al pecho de
Dios, entra en la
Verdad y en la entraña de la historia real, de
las
historias reales, quebradas, rotas… Nuestros fundadores oyeron el gemido de Dios, el grito del ser humano y el clamor de la tierra herida”. Nos invitó a escuchar los “ruidos” que nadie escucha, escuchar con
fe,
debajo
de toda apariencia.
Una apariencia desvelada
desde la fe que con “estilo contemplativo, haga resplandecer la Palabra en nuestro vivir de
hombres y mujeres nuevos” (Contemplad, nº 35),
dados a luz por la Palabra, como “el vino nuevo en los odres nuevos” al que hizo referencia
monseñor José Rodríguez Carballo, secretario de la Congregación para los IVCSVA
en su ponencia:
“La vida
consagrada
a
50
años de
LG
y
PC, caminos de
conversión”.
Nos invitó a ser capaces de romper para renovar y crear. Puntualizó la
urgencia de una formación sólida que sustente espiritualidades evangélicas y
“menos devocionistas”, más encarnadas, más dinámicas, más proféticas y
místicas. La vida consagrada tiene
muchos vendajes, nos dijo, que
no nos dejan
sacar
la
vida
que
llevamos dentro: “Vida consagrada, quítate la piedra que tienes encima, rompe las vendas y echa
a andar” (Hizo alusión a Lázaro).
He titulado esta
reflexión como la
página
siguiente porque creo firmemente que estamos pasando a una página importante en la vida de
la humanidad, de la iglesia y sobre todo de la vida consagrada. Como dominica contemplativa, seducida por Jesús, enamorada de Él, de mi vocación, de la humanidad, sueño con una mirada que escucha
y ve, sueño con una página siguiente que suponga para las contemplativas nuestra
Galilea de hoy, quiero poner alas a mi corazón y soñar como soñaron nuestros fundadores/as. Soñar no es pensar en un presente feliz y
proyectarse hacia un futuro
idealista. Soñar es darle a la vida un sello, el de Dios, es creer que su huella y
su presencia invitan, acompañan y dan sentido. Nuestros fundadores/as acogieron el sueño
de Dios: el ser humano; lo hicieron parte integrante de su camino, le colocaron la firma
del
Espíritu y lanzados al tiempo comenzaron a ser historia. ¿Acaso no soñó Jesús, allí junto al
Jordán, con el proyecto del Padre? ¿Acaso no soñó Domingo con una página
siguiente en la historia de la vida consagrada del siglo XIII con
aquel puñado de
mujeres convertidas de la herejía o con aquel pequeño grupo de compañeros que se le unieron a lo largo de los 10 años de
predicación en el Languedoc? ¿No
soñó
Francisco con la hermana pobreza cuando besó al leproso y se convirtió en el trovador de Dios?
¿O Clara de Asís, o la andariega Teresa? Sí, quiero ponerle alas a mi corazón y soñar
como soñó Domingo, sin
miedos ni prejuicios, quiero beber el vino nuevo en los odres
nuevos del Espíritu. La Hermana Fernanda Barbiero, religiosa que colabora en
la Congregación, nos propuso en
su intervención “La formación en los monasterios, como legado del pasado y perspectivas
de futuro”. Ha revisado todas las respuestas de los
monasterios al cuestionario que se
nos envió el año 2014, estas han sido muy
dispares, pero percibe que en los textos examinados la
formación es el tema más recurrente. Iluminó
la
formación como una honda
experiencia del corazón,
transformado y renovado por la presencia de Dios. La formación debe dar identidad y calidad a la vida consagrada, “así como
una madurez gozosa a la vocación”. El peligro
de anclarse en tradicionalismos pueden detener el agua viva que
brota de la verdadera
sabiduría que es la
tradición del corazón que busca
a Dios. La formación debe generar a Cristo, es
una
condición de vida
que
requiere renovación,
odres
nuevos, para
reconstruir, escuchar los ecos de
la humanidad para percibir una nueva antropología que parte de la fe. Las estructuras pueden dificultar ese proceso, porque no se trata “de identificar fidelidad con esquemas obsoletos”. A
este respecto el
P. Sebastiano Paciolla, cisterciense, puntualizó en su charla
la identidad del monasterio autónomo,
basado en la posibilidad de
rotación de servicios: autoridad, formación, economía.
Cuando no hay capacidad para realizar la vida en estas dimensiones, el monasterio no
puede considerarse
autónomo,
fue
muy claro al
exponer cómo
los
monasterios “reclutan vocaciones en países lejanos para evitar la supresión” e hizo referencia a lo
que el Papa Francisco
ha llamado “la
trata de novicias”. Remitió al decreto Perfectae
Caritatis, nº 20, del Concilio Vaticano II. Monseñor Carballo, en “Los fundamentos bíblico-teológicos de
la clausura”, centró la contemplación como el motor
de la vida monástica en una vida por amor al Esposo.
Siendo “narración existencial de Dios”. Una
vida profética que no debe estar ausente de la historia. La clausura
del
corazón nos sitúa en la madurez de
la opción de vida que
exige una toma de conciencia de la
recepción del Don. Por eso la contemplación prepara nuestro corazón para ver y
eso
nos conduce a la alegría, pero la fundamentación teológica de la clausura nos muestra que en
algunos casos
necesita ser revisada y adaptada.
Las charlas o ponencias culminaron con “Las federaciones entre presente
y futuro” por monseñor Oracio Pepe, sacerdote diocesano que
colabora también en la
Congregación. Nos hizo notar cómo después de tantos años, desde Pio XII que las
recomendó,
todavía se miran con desconfianza. No tengan miedo, repetía varias veces,
confíen, no tengan miedo a perder la autonomía. 2.596 monasterios han respondido al
cuestionario, al resto, unos 2000, no les llegó, son
monasterios no identificados o quizá no fáciles de identificar, así lo manifestó monseñor Oracio Pepe. 2000 monasterios sonmuchos monasterios. Este
dato volvió a despertar
en
mí una inquietud que
me ha acompañado durante años: los monasterios, las monjas ¿somos tierra de nadie? En el aula magna de
la Pontificia
Universidad Urbaniana, donde
nos reuníamos las 400
monjas, sólo estábamos representados aquellos monasterios que
forman parte de alguna federación o
asociación. Se nos
ha invitado a ser protagonistas de nuestra propia
historia y así quedó reflejado en las diferentes preguntas que surgieron en la plenaria. Hay
miedo al cambio, a lo nuevo, pero existe una marcada inquietud a
ser consideradas
“mayores de edad”. Necesitamos y esperamos la página siguiente, la que nos lleve a
volver a la esencia de nuestros orígenes, la que soñaron y escribieron nuestros
fundadores/as interpelados por la Palabra del Pescador de Galilea. Percibí alegría y descubrí la belleza de mujeres seducidas por el Absoluto, la vida consagrada está viva, la
vida contemplativa está viva y tiene un universo fecundo en su corazón para dar como especialista de Dios y
experta
en humanidad desde la profecía, la proximidad y
la esperanza como nos recordó el Papa Francisco en la audiencia del día 1 de febrero en el aula Pablo VI. En la homilía de la
Misa de clausura del año de
la Vida
consagrada, Francisco nos definió
como “custodios
del
estupor, un
estupor
que pide
ser renovado siempre.
Los carismas
de los fundadores no son para sellar en una botella, no son piezas de museo, ellos han sido movidos por el Espíritu, no se detuvieron ante
los obstáculos porque mantuvieron en el corazón el estupor por el encuentro con Cristo, no han
domesticado la gracia del Evangelio,
han
tenido siempre en el corazón una sana inquietud por
el
Señor, un deseo de llevarlo a los demás, como María y José. También hoy nosotros estamos llamados a
realizar elecciones proféticas y valientes”. Y
nos invitó a que no disminuya el estupor
de la primera llamada.
Para las dominicas, participamos 18 monjas de
varios países, Italia, Francia, España,
Perú y Estados Unidos,
la última parte de la página todavía no había concluido. Con
gran alegría
el
día 4 de febrero nos
reunimos en Santa Sabina con Fray Bruno Cadoré,
Maestro de
la
Orden,
para compartir ecos
del
encuentro
y proyectar inquietudes juntos, nos acompañó
también
el Promotor
de
las
monjas
Fray
Cesar
Valero. Retomamos algo que es mucho más que una idea, la identidad de nuestra vocación
como predicadoras. En la Orden la vida contemplativa es una característica
de la Santa Predicación, la vocación no es paralela, es una única vocación. Para Fray Bruno
es importante que tomemos conciencia de que
si la vida consagrada está
en
misión, toda la Orden está en misión, en la misión de Jesucristo, desde una visión profética de la
situación de cada monasterio, de cada hermana. La experiencia de la predicación pasa
por la experiencia de
vida de cada hermano/a. También esperamos en la
Orden esa
página siguiente
que nos abra la Galilea de hoy, donde
podamos escribir una historia en nombre de las nuevas generaciones,
como dominicas contemplativas que buscan un Rostro
y escuchan la Palabra.
Acabo esta amplia reflexión con una
palabra: gratitud. Gratitud a
quienes me dieron la
oportunidad de participar, a
quienes prepararon
las jornadas con
tanta precisión y detalle, a quienes durante esos días se mantuvieron alertas para
que
todo quedase bien coordinado, y
un GRACIAS con mayúsculas, a quien me hizo hija de Dios y
de esta Iglesia que entre luces y sombras quiere ser fiel a la Palabra que hizo de ella, de la
Iglesia, la casa de todos. Esta Iglesia que dio forma a mi vida como dominica y que interpela cada mañana mi existencia para
que siga caminando con fidelidad tras las
huellas de la Belleza.