PADRE, PERDONANOS PORQUE HEMOS DEJADO PASAR HAMBRE
El titulo que se me sugirió para esta colaboración, me hizo evocar una escena presenciada en la distancia, me remonté a los años duros del conflicto entre Tutsis y Hutus, mas o menos en la década de los 90. Me encontraba en una clínica con una monja de mi comunidad que había sido intervenida quirúrgicamente. Cuando los familiares la visitaron, prendieron la televisión que se encontraba en la habitación de la mencionada clínica. Pasaban en ese momento las noticias y apareció la escena que nunca se ha borrado de mi mente: en un campo de refugiados, no recuerdo de que etnia, llegaba un camión con víveres, varios hombres se acercaron con alimentos para repartir entre las cientos de manos extendidas esperando les llegara al menos algo, uno de ellos, con un palo largo golpeaba las manos extendidas de los refugiados para que las retiraran, no había para todos, ni siquiera el dolor de los golpes les llevaba a retirar su manos esqueléticas. Recuerdo perfectamente la escena como si fuera actual. ¡Que humanidad tan desproporcionada!. Escenas pasadas, actuales, del futuro, todo un amasijo de indiferencia que nos sitúa en un núcleo conformista de la realidad. Economistas, sociólogos, políticos, cualquier persona que tenga acceso a información en Internet, sabe perfectamente el índice de pobreza que existe en la actualidad en nuestro mundo. Nuestros ojos se han habituado a permanecer bajos, es la posición que utilizamos cuando se lee información, ojos bajos, ojos que no saben leer mas que cifras y entender palabras futuristas de mejoras sociales que nunca llegan. ¿No tendremos que aprender a mirar el corazón de la pobreza, del pobre? Nos asusta mirar el corazón del pobre porque quizá su riqueza nos grita frente a nuestra verdadera pobreza, la de dejarles morir de hambre. Es muy típica la frase: “pobres habrá siempre”, no la pongo en duda porque los datos históricos así lo han demostrado, pero me asusta la complicidad mundial, en la cual la humanidad entera está implicada, frente una realidad que disfrazamos con lo que se supone ser ayuda humanitaria. Construir una casa para un “sin techo “ es fácil, construir y mantener la casa de su “dignidad personal”, es diferente, porque nos compromete. Nos compromete a una responsabilidad que va mas allá de la ayuda económica , el dinero por si mismo es fuente de poder, nos compromete a levantar los ojos para vislumbrar el horizonte de nuestro propio corazón y descubrir que es egoísta y no sabe amar, que infantiliza la historia dándole tonalidades “de ayudas humanitarias” interesadas y desprovistas de calor, “no importaban los brazos extendidos”, hay un banco mundial con apremios de inversionistas que no quieren sus cuentas en rojo, las cifras en rojo en las cuentas de los pobres QUE SON LOS QUE TIENEN EL DEBER DE PAGAR. No quiero ser ridícula conmigo misma y lo sería sino admitiera que también yo formo parte de ese complot mundial cada vez que no tengo abierto mi corazón para amar, mis ojos levantados para mirar de frente y mis manos extendidas para que las tomen quienes las necesiten. Posiblemente si tuviéramos la valentía de mirar de frente la realidad encontraríamos los fantasmas del poder pululando incluso en nuestro propio ser. Un sector de la humanidad ( joven, los países pobres son países jóvenes) agonizando en la más oscura pobreza, mientras el otro sector ( anciano, los países ricos tienen una cifra de natalidad muy baja) agoniza comodamente en el subsuelo del materialismo marmolado que les ha convertido en países de escaparate, con maniquíes humanos de asfalto estresado.
Padre perdónanos porque estamos dejando pasar hambre, perdónanos porque hemos convertido tu humanidad , la belleza de tu humanidad, en un jardín de posesiones privadas , hemos profanado tu Cuerpo , el cuerpo de tu Hijo, pintando caricaturas de tu voluntad.
Sor María Ángeles Martínez OP ( Santiago de Chile)
No hay comentarios:
Publicar un comentario