DOMINICAS CONTEMPLATIVAS







1- Nombre completo  de la orden.
- Orden de Predicadores. (Este es el nombre de la Orden) 
 -Nosotras somos Monjas de la Orden de Predicadores (se nos conoce como Dominicas Contemplativas),

2- Número de comunidades en la diócesis y número de religiosas.

La Federación de la Inmaculada  la componen  13  conventos en España, los que se encuentran en la zona de Levante, Aragón, Cataluña, 5 en Argentina, 3 en Chile, en nuestra diócesis de Valencia hay tres:

             - Real convento   de Sta. Catalina de Siena.  Fundado en Valencia en el año 1491.  En la actualidad está ubicado en Paterna (Valencia). Integran la comunidad 31 monjas  

            - Convento de Nuestra Señora de la Consolación. Fundado el año 1520, en la ciudad de Xátiva (Valencia). Integran la comunidad 14 monjas.

            - Convento de la  Inmaculada Concepción. Fundado en el año 1968, en la ciudad de Torrent. Es la Casa Federal y también Noviciado Federal. Integran la comunidad 36 monjas.

3- Fundador de la Orden, año de la fundación y motivo.

FUNDADOR: Santo Domingo de Guzmán. Nació en Caleruega (Burgos) se cree que en 1174. Fue canónigo del Cabildo  Osma y falleció en Bolonia, Italia, en el año  1221.

AÑO DE LA FUNDACIÓN: las monjas Dominicas  fuimos fundadas en el año 1206 y los  frailes dominicos el año 1216.

LUGAR: Prulla, sur de Francia  

Por razones circunstanciales, Fray Domingo de Guzmán pasó por el sur de Francia y ante la necesidad de esclarecer, a través de la predicación, algunas desviaciones teológicas, encontró que algunas jóvenes que asumían la verdad del evangelio que él exponía desde la doctrina de la Iglesia Católica, deseaban emprender un camino en el seguimiento  de Jesús, con una dedicación plena de toda su vida.  Así las reunió en la iglesia de Santa María de Prulla, donada para ese fin. Durante diez año permaneció en el sur de Francia, en el Languedoc, así se fueron uniendo en su camino otros jóvenes, dando lugar a la Orden de Predicadores, en pleno siglo XIII. Fue la primera Orden fundada para la Predicación y a la que se le concedió este privilegio ya que en la Edad Media solo predicaban los Obispos.   

4- fiestas o celebraciones propios de la orden

- 8 de agosto se celebra como solemnidad  en toda la Orden, el aniversario del paso  santo Domingo a la casa del Padre , acaecido  el día 6 de  agosto del año 1221.

- 7 de octubre festividad de la Virgen del Rosario.

- 8 de Mayo Patrocinio de la Virgen sobre la Orden.

- 24 de Mayo, se conmemora el traslado de la tumba de santo Domingo en 1233 al interior de  la actual  basílica de santo Domingo en, Bolonia, Italia.  


5- carisma
El carisma de la Orden de Predicadores, se fundamente en la Palabra, una palabra que debe ser escuchada, estudiada y predicada, por lo tanto el fin de la orden es la PREDICACIÓN. Una predicación que tiene que  brotar de la fuerza de esa Palabra de Dios encarnada en la propia vida e intuida y buscada en el día a día de la humanidad. La vocación dominicana es una vocación de frontera, de vanguardia, la Orden está llamada a ir allí donde exista un resquicio de verdad, donde la vida necesite un sentido profundo de identidad  y donde el ser humano busque el rostro de Dios, 

Los medios para  realizar este fin son:
            - La oración: en la cual la Palabra de Dios nutre la vida y nos adentra                                 en  la esfera íntima de la Verdad de Dios para intuirla en la verdad de  los hombres y mujeres que caminan con nosotros. Según San Alberto  Magno, un dominico de la edad media, la oración ilumina el estudio y  el estudio nutre la oración. 

            - El estudio: nos adentra en el conocimiento de  la Palabra y nos da la    
               libertad de encontrarla ENCARNADA en la historia. Fray Bruno  Cadoré,                          actual Maestro  de la Orden, dijo a la Comisión Internacional de Monjas                             Dominicas: “el estudio es el legado que Santo Domingo nos  dejó para ser                         libres”. Una libertad que nos lleva a buscar la verdad en   todas las fronteras  de la historia.   

            - La vida común. El centro de la comunidad es Cristo, Palabra Encarnada.                               El centro de la Palabra es la comunidad, la reunión de las hermanas y                             hermanos que movidos por Ella han de predicarla; por eso las comunidades             dominicanas son comunidades evangélicas, comunidades predicadoras que a                    través de sus miembros hacen presente la compasión y la misericordia  de   Dios. Es un pilar fundamental del carisma, sin vida común no existe ni predicadora, ni  predicador, en una palabra no existe ni dominico ni dominica.   

Las Monjas dominicas contemplativas realizamos esa predicación desde el silencio de la oración, como esencia y razón de ser de nuestra vocación, a través del estudio y  viviendo la vida fraterna en el entorno comunitario del monasterio, donde aprendemos a hablarle a Dios de las esperanzas, los gozos y también los sufrimientos de la humanidad. En el corazón de una dominica contemplativa convergen la voluntad  de Dios por encontrarse con el ser humano y la sed del ser humano que tiende a Dios. Tanto los frailes dominicos, como las hermanas dominicas de vida apostólica y nosotras las monjas dominicas  contemplativas, formamos una única vocación, no somos vocaciones paralelas sino que juntos/as somos, por vocación,  la voz predicadora de la Iglesia. Cada rama de la familia dominicana la proyecta de acuerdo a su lugar en la iglesia.    



6- actividades a las que se dedican
Nuestra actividad, si se puede llamar así, es la oración, centrada en la  celebración de la Liturgia, que impregna la vida entera de una contemplativa y aquello para lo que ha sido llamada por el Señor.   Según el carisma de la Orden de Predicadores, nuestra vida contemplativa tiene unos matices propios que están reflejados en el carisma particular como ya hemos indicado antes. Como la oración impregna toda la vida de una contemplativa, es decir no hacemos oración sino que debemos ser oración, nuestra actividad parte del amor y es continua.   

7- Hábito
El habito es sencillo, una túnica blanca  ceñida con un cinturón del cual pende un rosario ,  un escapulario  blanco, encima de la túnica; velo negro y una capa también negra, que se suele usar en los meses de invierno para las celebraciones litúrgicas.

Testimonio vocacional
No es fácil compartir el proceso de elección que Dios sigue con un ser humano, forma parte de su misterio, porque lo que tengo claro es que toda persona está vocacionada, tiene en la vida un por qué y un para qué, lo importante es saber donde, de lo contrario la humanidad se llenará de personas descentradas, sin presente y sin destino.
La trayectoria de mi vocación comienza en la infancia, no sé  cómo surgió, pero ahí estuvo siempre. En los primeros años de la adolescencia entré en contacto con numerosas jóvenes   de mi edad, con las que compartía muchas horas del día; dentro del gran grupo, porque era muy numeroso, había muchas que  se habían iniciado en el consumo de droga, sobre todo marihuana, alguna falleció años después de sobredosis, andaban con pandilleros, practicaban el sexo libre etc…. El  otro grupo, con el que yo era más a fin,  participábamos en nuestros pueblos en  actividades parroquiales, catequesis, grupo de jóvenes, movimiento Junior, pero a pesar de la disparidad de criterios y de vida, existía cordialidad y  cuando nos reencontrábamos los lunes, compartíamos lo que habíamos realizado el fin  de semana, todas nos respetábamos y escuchábamos los relatos de las  demás; las del  grupo “progre” llegaban desilusionadas, vacías, “asqueadas”, así se definían, era adolescentes cansadas de la vida, ese vacío interior de ellas me dolía a mi… ¿cómo llegar a sus corazones y transfórmalos?, en mi interior surgía una gran  impotencia  y pensaba que como ellas había miles a lo largo del mundo. Por otro lado, la impotencia se acrecentaba frente  al sufrimiento, a la pobreza,  la injustica, el dolor de esa parte de la humanidad que caminaba conmigo, que era parte de mi esencia humana y que sufría por el egoísmo de otro sector de la humanidad, que desde el poder también era pobre, (siempre he sido muy sensible a la cruda realidad de la pobreza, de la marginación y la injusticia), esa realidad todavía aumentaba más mi impotencia, sentía el mundo como parte de mi misma y  no podía hacer nada. En una ocasión  viajaba de Puzol (donde vivía) a Valencia, en el trayecto de autobús vinieron a mi mente las escenas dolorosas de  guerra civil, que había visto en la televisión,   de un país de Centroamérica y algo en mi interior se convulsionó tanto que en medio de mi impotencia le grité a Dios desde lo más profundo de mi ser, le grité desesperadamente, nunca se ha borrado de la mente aquella experiencia de impotencia. Al pronunciar con toda la fuerza de mi corazón, desgarradamente, la palabra Dios, sentí una paz tan grande, que en un instante  comprendí que El era mi fuerza, descubrí que yo no podía tocar los corazones para sanarlos, consolarlos, alentarlos y transformarlos, pero EL Si, en un momento mi impotencia se transformó en seguridad   y entendí el valor de la oración: yo no podía llegar a su corazones pero si le entregaba mi vida a El , desde la oración, mis pobres y frágiles brazos, desde el silencio del claustro se hacían inmensos, como los de Dios y con El y desde El  podía abrazar a esa humanidad y darle esperanza, aliento, vida, la Vida que Dios me daba para entregarla. Creo que esto es lo fundamental de mi experiencia vocacional, es la realidad más profunda que me define como contemplativa. Hubo dos personas que fueron mediaciones importantes en mi vida, el sacerdote diocesano Ismael Valls y el dominico, ya fallecido, Fray Sebastián Fuster, con su vida me indicaron el camino de la entrega, en ellos descubrí que valía la pena   dar la vida y seguir a Jesús. Ingresé a los 21 años en el monasterio de Dominicas contemplativas de Corpus Christi, en Carcaixent, donde fui descubriendo  la entrega desde el carisma de la Orden de Predicadores  y en el cual aprendí el valor de la fidelidad y donde siempre me he sentido una monja feliz, enamorada de mi vocación. La  oración liturgia, el estudio, la vida común, el trabajo, el día a día que  me habla de Dios y de mis hermanos los hombres y mujeres que conmigo construyen la historia son los pilares que fundamentan cada amanecer de mi existencia y con los que todas las mañanas estreno la vida. Es cierto que han habido momentos de oscuridad, nunca de duda, de dificultades, pero desde esa fragilidad personal he aprendido a besar mis heridas y las heridas de la humanidad, con respeto porque son heridas del cuerpo de Cristo.
Desde hace tres años mi comunidad está en el Monasterio de la Inmaculada de Torrent, con el cual nos fusionamos.
No es una experiencia con ningún dato notable, es simplemente la historia de Dios  que salió a mi encuentro  en el rostro de los pobres y marginados y me enseñó desde  sus corazones a buscarle y amarle en el silencio orante de la vida contemplativa dominicana.      

Sor María Ángeles Martínez OP
Monasterio de la Inmaculada


Torrent – Valencia 

No hay comentarios: