TRAS LAS HUELLAS DE LA BELLEZA

TRAS LAS HUELLAS DE LA BELLEZA


En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco nos invita con insistencia a recuperar el sentido profundo de verdad y belleza en toda su realidad, como un dinamismo antropológico que nos disponga a encontrar las huellas del Resucitado en el contexto actual de la vida (nº 167). Insiste en “atreverse a encontrar los nuevos signos, los nuevos símbolos, una nueva carne para la trasmisión de la Palabra, las formas diversas de belleza que se valoran en los diferentes ámbitos culturales” (ídem).  En la carta de la Congragación para los Institutos  de Vida Consagrada y sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA): “Contemplad” se realiza un profundo y contemplativo viaje en esos parajes del ser, donde la belleza asume la forma encarnada de la Palabra y la proyecta no como una casualidad, sino como una necesidad, hacia las y los consagrados, a quienes define como “los que caminan tras las huellas de la belleza”. En el nº 19 nos pide “detener la mirada contemplativa en el misterio de la Belleza, del que somos expresión”.
Vamos a detener la mirada en alguien que buscó, vivió y se dejó envolver por la Belleza de la Palabra, como dominica contemplativa, la beata sor Josefina Sauleda una Palabra que fue impregnado su vida de sentido y de contenido. Para Domingo de Guzmán, las huellas de la Belleza se transformaron en algo más que una espiritualidad o un concepto teológico. Domingo buscó la Verdad y encontró la Belleza de la Palabra en la carne del Verbo, rota y desfigurada en tantas realidades que halló en su camino de predicador, por eso “la herida de domingo es una herida contemplativa”, desde la cual surgió el “Predicador de la Gracia”. El capítulo general de Trogir, nos dice Fray Bruno Cadoré, en la carta de promulgación del jubileo, estableció como lema para el año del Jubileo de la Orden: "enviados a predicar el Evangelio" (ACG Trogir 2013, SO) y nos invita a reflexionar sobre las siguientes preguntas: ¿Por quien somos enviados? ¿A quién somos enviados? ¿Con quién? ¿Que llevamos con nosotros al ser enviados? El mismo capítulo ha dado también respuesta a esta última pregunta, nos dice fray Bruno: somos enviados a predicar la buena nueva de la resurrecci6n de Cristo…. Predicar la resurrecci6n consiste en predicar el nuevo camino de amistad con Dios. Esta es la gracia de la cual fue predicador ejemplar santo Domingo, "predicador de la gracia". La herida de quienes hemos sido llamados a heredar su crisma no puede ser un sucedáneo contemplativo porque “las/os religiosos tienen que ser hombres y mujeres capaces de despertar al mundo”  (Evangelii Gaudium. 47)  
 Sor Josefina fue una mujer que encontró en el Monasterio de Mont Sion, algo más profundo que una misión, encontró  la belleza del rostro del Resucitado en su vocación de dominica contemplativa, monja predicadora. El encuentro con la Palabra  configuró su consagración en una fe firme exenta de particularismos devocionales. Cuando no era factible el acceso a la Biblia dentro incluso de los recintos monacales, ella vislumbró y bebió de su fuente la verdadera libertad, la que mana cuando la Palabra es Palabra de Vida y así lo compartía con las jóvenes que se iniciaban en la vida contemplativa a las cuales facilitó y proporcionó el acceso a la Sagrada Escritura.  Cuando el 31  de agosto de 1936 sor Josefina fue conducida al furgón que le llevaría al lugar de su muerte, después de 12 horas soportando  vejaciones y torturas, la realidad humana que se abría paso ante el miedo y el horror, era en verdad una realidad abatida, aun cuando ella, había intuido  la presencia inminente de la cruz. “Pero donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable…. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de los tormentos de la historia” (ídem 276). Es la fuerza imparable de quienes han sido protagonistas de esa historia desde el amor a la Verdad y por la Verdad, como lo fue la vida de sor Josefina.  
Con esta convicción en el corazón partimos hacia Explugues de Llobregat para ser testigos del traslado de las reliquias de la beata Josefina a un lugar de la iglesia donde pueda ser visitada por los fieles. Desde el monasterio de la Inmaculada de Torrent salimos un grupo de monjas y un numeroso grupo de seglares dominicos de la fraternidad de Torrent,  acompañados por el padre Vito T. Gómez, al pasar por el monasterio de Santa Catalina de Paterna se unos unieron varias hermanas más. Es de señalar  que durante el trayecto el padre Vito nos fue ambientando tanto histórica como espiritualmente para el momento que íbamos a vivir en Explugues. Nos reunimos en el monasterio de Mont Sion una gran representación de todos los monasterios de la Federación, por su puesto madre Federal sor María Teresa de Jesús Gil, el Consejo Federal  y el asistente de la Federación, fray Antonio García Lozano. Estaba representada toda la familia dominicana. La ceremonia la presidió el obispo de San Felui, el valenciano Don Agustín Cortés, concelebraron números sacerdotes entre los que se encontraban  varios dominicos, fray Luis Carlos Bernal, fray juan José Gallego, Fray Gabriel Bauzá, Fray Vicente Benedito, además de los dos mencionados.
La ceremonia nos introdujo  en esa realidad que rodea la vida de quienes lo dieron todo por el Reino y que confiere a la historia nuevas notas de identidad, la identidad del perdón y la misericordia, la identidad de la mirada que es capaz de vislumbrar que el bien siempre triunfa. Sor Josefina se dejó herir y embellecer por la Palabra, ella desde el silencio contemplativo de su monasterio predicó la vida y anunció con su vida la “fuerza imparable del Resucitado”. Termino con un párrafo del nº 150 de la exhortación Evangelii Gaudium que  resume el contenido  de la vida de la beata sor Josefina Sauleda: “Quien quiera predicar, primero debe estar dispuesto a dejarse conmover por la Palabra y hacerla carne en su existencia concreta…tiene que aceptar ser herido por esa palabra que herirá a los demás”.  La Palabra embelleció su vida    
   
Sor María Ángeles Martínez OP
Monasterio de la Inmaculada. Torrent  (Valencia)           





[i] Fue beatificada en Roma  el día 28 de octubre del año 2007  junto a 497 mártires de la guerra  civil Española  de 1936. 

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