DIEGO
1ª – PARTE
Amaneció un día frio. Eran apenas las 7 de la mañana cuando Leticia, la mama de Diego, descubrió que este todavía daba vueltas en la cama sin apenas despegar una pestaña de sus ojos para conseguir dar un salto y no llegar tarde a clase.
- Diego, hijo, le grito Leticia, son las 7 y en media hora más vendrá la micro para ir al colegio, vamos hijo levántese.
No era fácil para Diego obedecer a mamá. En el fondo de su corazón no quería ir a la escuela
Toda la semana había sido muy dura, percibía que su realidad de niño se estaba rompiendo, algo en su corazón le perseguía hasta no dejarle tranquilo. Y Diego hizo un gran esfuerzo para salir de la cama.
- Mamá, es que no quiero ir al cole, es aburrido, la profe dice que debemos amar mucho el colegio, dice que cuando seamos grandes todo este tiempo será como el mejor regalo que hayamos recibido en nuestra vida
- Sabes, mamá yo no quiero ser mayor, no quiero estudiar, no quiero nada.
- No quiero ir a la escuela.
Y Leticia le miró con el cariño tierno de una madre.
Algo en su corazón le decía que los recién estrenados 12 años de su hijo no sería fáciles. Ella trabajaba de camarera en un local de comidas y muchas horas del día las ocupaba allí, tenía que trabajar duro para poder dar a Diego una buena educación. Los espacios de encuentro entre ella y su hijo se iban alargando, se habían reducido a los fines de semana compaginados con el lavado y planchado de la ropa. La pley, (esa máquina de juegos interminables), de Diego le ocasionaba en muchas ocasiones un mutismo escalofriante, madre e hijo estaban comenzando a ser dos grandes desconocidos.
Leticia recordó aquel primer latido de Diego en su vientre. Tantos años esperando un hijo. En aquel momento sintió dentro de sí que todo el universo se plenificaba en ella y que la gravitación del tiempo y del espacio estaban conjeturando en ella la vida, algo se movía, algo brotaba, su esencia de mujer se sintió arrollada por una emoción, - si – iba a ser madre.
La tarde anterior habían hablado varias compañeras de trabajo de lo ridículo y pasado de moda que es optar por la vida cuando ésta condiciona la libertad.
- No es justo que nuestra condición de mujeres tenga que verse sometida 9 meses a un deterioro tan fuerte.
- Ya basta de machismo y de sociedades impositivas que nos tiende una red hacia la esclavitud.
- No, afirmó con fuerza Yohana, la maternidad es un mito inventado por el varón para someter a la mujer desde algo tan condicionante como es tener un hijo. Han intentado desde hace milenios hacernos caer en la trampa de que esa vida es intocable pero yo no lo acepto, soy dueña y señora de mi cuerpo y no lo someteré a una maternidad que no deseo, ni entiendo ni necesito.
Los comentarios de las demás jóvenes estaban incluidos en la misma idea.
Y Leticia sintió vergüenza de si misma, se sintió juzgada en si misma y callo, si calló el grito de alegría que le ahogaba ante su próxima maternidad.
- Diego, hijo, ¿ya se vistió?, mire que dentro de 10 minutos pasará la micro del colegio.
Volvió a retroceder en el tiempo,: era un viernes a las 5 de la tarde. El doctor Bustamante, un buen ginecólogo de Copiapó, le había concedido una cita en los últimos turnos de la tarde. Para ella aquel control sería decisivo, lo había meditado muchos meses, ella quería un hijo, necesitaba tener un hijo. La situación física de Mario, con el que llevaba casada 7 años, no aseguraba un embarazo.
Nerviosa, se adentró en el despacho del doctor, cuando éste refirió el tan conocido y sabido “pase”. Si, pasó, muy, muy asustada; ahora después de 12 años, aquel encuentro se cierne en su mente como una triste pesadilla. El doctor abrió antes sus ojos un sobre blanco y durante unos segundos leyó en silencio su contenido.
- Leticia, todo está en orden, puede comenzar su tratamiento sin ningún riesgo.
Su respuesta fue rápida, sin apenas un segundo de reflexión.
Doctor, Mario no lo sabe.
A Mario le costó aceptar su incapacidad física para engendrar. Cuando le contó a Leti antes de la boda temió un rechazo total por parte de ella. Los años del hogar sin niños habían cubierto de sombras demasiados espacios del corazón. La decisión la tomó ella sola. Acudiría al banco de semen.
Mañana citaré a Mario y yo mismo le comunicaré, fue la respuesta del doctor. El doctor Bustamante había encontrado en Leticia un buen terreno para practicar sus últimos descubrimientos respecto a la mecánica genética.
Aquella noche fue para Leticia como un deambular por el infierno. El miedo, el rechazo, la tristeza, se abalanzaron sobre su mente como señores feudales del pensamiento. Mario no entendería, el no aprobaría su decisión
- Diego, corre, la micro se acerca, vamos date prisa.
- Chaito mamá, no te olvides del super ocho y el chocolito.
- Diego corrió hacia la micro con aire desenfadado.
Sentada en la cocina, viendo correr a su hijo, recordaba con dolor el abandono de Mario. El no aceptó la propuesta de Leticia. No podía someterse a ser un padre fantasma, era como la degeneración emocional de su paternidad frustrada. Fecundar desde el banco de esperma era para el la degradación de la virilidad. La programación en serie de un nuevo producto: los hijos. Se vende el material de trabajo y se elabora un ser humano. No, Mario no entendió y aquella misma semana se alejó para siempre de casa.
Sola y con un embarazo tan enigmático, Leticia sintió en algún momento la desesperación y la posibilidad de haber cometido un error.
Después de ver a Diego subir a la micro corre la cortina de la sala de estar y decide encontrarse con ella misma. Son las 8 de la mañana, Diego regresará a las 4 de la tarde.
No puede negar que tiene miedo de la siguiente reacción de su hijo. El día de su cumpleaños, Diego lloró amargamente. Cuando Leticia entró en su cuarto y lo vio llorar, cuando le pidió que le dejara solo, cuando le recriminó ser un hijo de todos, de cualquiera y de nadie, algo se estremeció en su corazón. Diego necesita el rostro de un padre que nunca conoció y al que será imposible encontrar. Los espermas del donante no siempre son identificados. Siente que la personalidad de su hijo está humillada. Ahora reconoce con dolor su egoísmo. Está confrontada con un montón de pensamientos que le hacen estallar la mente. Se ha mirado en el espejo de su vida y solo ha descubierto las arrugas del tiempo que le hicieron soñar con un hijo. Tiene un hijo probeta, que nunca sabrá quién es su padre. Pero sus deseos maternales quedaron cubiertos. La agonía de morir sin escuchar la palabra mágica: “mamá” le habrían llevado a realizar cualquier acción por conseguir ser madre.
Siente que la vida es como una fuerte marea que aprisiona el ser y le conduce hacia un cauce desconocido. Todo en ella se mueve bajo el impulso social de un decreto de moda en una sociedad globalizada y manipuladora. Detrás de todo se solapan los intereses económicos de los países ricos. Desde que la vida se ha convertido en un negocio, la humanidad se suicida cada día al mostrar un rostro sin nombre al esperma que hará posible que un ser humano nuevo exista.
Leticia está totalmente angustiada, después de 12 años es capaz de mirar con realismo su verdadera situación y la estremecedora situación de Diego. Es su hijo, el hijo que anhelo tantos años, el hijo que concibió en una probeta, como se fecundan los huevos para que nazcan nuevos pollos. La única diferencia radica en la categoría.
¿Quién le revelará a Diego el rostro anónimo de su padre?. Diego será siempre el hijo de todos, cualquier donante pudo haber sido su padre, y el hijo de nadie, buscar el donante del esperma que le fecundó sería como preguntarle a las estrellas cual es la más bella. El tiempo no se detuvo en el laboratorio y Diego comenzó a sentir no calor humano, sino las paredes agobiantes de un tubo de ensayo que le convertía en mercadería para la humanidad.
– Diego perdió sus derechos antes de nacer.
Los papás no sirven para nada, le ha escuchado decir, ellos son los egoístas ambulantes que edifican sociedades sobre escombros podridos de humanidad materializada.
Leticia llamó a su jefe para comunicarle que no llegaría al trabajo, hoy no puede arrastrar la vida de esa manera, le ahoga la existencia y por primera vez en 12 años siente miedo. Tiene miedo de su hijo Diego, siente la recriminación constante de una frase martilleando su mente: “mamá me utilizaron, fui la respuesta más fácil y más egoísta que has tomado en tu vida.
Te odio, mamá. Tu has asesinado mi ilusión y me has roto por dentro. Ne has concebido para la muerte. Me has negado una identidad.
Siente que se le encoje el corazón y las lágrimas brotan a borbotones desde su realidad de mujer.
Diego ha comenzado su trayectoria adolescente y los sentimientos, las incógnitas, todo su mundo interior se estructura desde la recién conocida verdad.
Leticia había aprendido a leer en silencio su mirada. Desde aquella noche en la cual Diego le enfrento con su pasado.
– Mamá. ¿quién es mi padre? . en la fotos del álbum estás vestida de novia agarrada de la mano de un hombre. ¿ es papa?. Por primera vez en muchos años, Leticia siente el peso del tiempo como una carga aplastante que le está impidiendo ser sincera. Debe decirle la verdad. No puede negarle la posibilidad de conocerla.
Fue un sábado en la noche, habían regresado del cine y Diego le pidió para cenar una pizza. Más allá del frío que azotaba la solitaria calle, enfundados en ambos chalecos se dirigieron a la pizzería “el dragón” , Leticia quería tener un espacio neutro para confesarle a su hijo la verdad. Eligieron una mesa ubicada en el rincón derecho del local. Después de 20 minutos, Leticia decide rondar el tema que le tiene planteado su hijo desde hace dos semanas. Con su ternura habitual le toma las manos, le acaricia las mejillas, y le besa en la frente.
-Diego, hijo, escucha lo que voy a relatarte. Necesito que me mires a los ojos para que puedas descubrir en ellos lo que encierra mi corazón. Se, que después de este relato, vas a sentirte herido;
- soy tu madre Diego, me tienes cerca, eres parte de mi misma, quiero que esto lo recuerdes siempre. soy tu madre, siempre seré tu madre.
Y Leticia, comienza a relatarle, un poco emocionada, su historia, su verdadera historia y la realidad de su concepción.
- Hijo, nunca podremos saber quien fue tu padre,
La voz se le quiebra y en su interior experimenta un dolor tan fuerte que por un momento siente que todo su ser se paraliza. La mirada de Diego esconde una tristeza profunda. De pronto se encuentra frente a una pared negra como la noche, que le aplasta con tanta fuerza que llega hasta desconocer quién es, si ¿Quién es? ¿ qué identidad tiene?. Sus 12 años se han convertido en siglos de incógnitas. Su padre es un donante pagado, una paternidad vendida, un hombre del mercado genético mundial. Ese es su padre. La mercancía prototipo del mercado global.
Diego bajó la cabeza y las lágrimas recorrieron su rostro como dos impetuosos canales de angustia desbordados.
Sentada en el sillón con la cabeza recostada hacia atrás siente que la vida termina. Diego no la perdonará nunca. Para ella comienza una escalada difícil, ahogada, angustiada y sola, la vida se le ha vuelto opaca y sin sentido. Quizá deba recorrer el tiempo sintiendo sobre su piel el olor a humanidad quebrada. ¿Será que dentro de este proceso humano ella es la carcelera de la vida?. Una vida que anheló y que ahora le ahoga la existencia. No es fácil preguntarle a la historia por qué nos ha tratado así, ni recorrer esa historia como una pesadilla continua de errores cometidos. La historia es el proceso normal y sucesivo de acontecimientos que conjeturan la realidad haciendo posible que la humanidad adquiera identidad. ¿ qué es la identidad?. Ella misma la perdió cuando se convirtió en madre. Su realidad de mujer quedó ensamblada en la vivencia profunda de su maternidad, pasó de la mujer a la madre. Ahora el tiempo le da nauseas y todo en su ser es como un camino largo, denso, abrumado por una cerrada neblina que le ha opacado la existencia.
2ª – PARTE
Diego fue incapaz de perdonar a su madre. Las interminables peleas entre ambos acabaron con su huida de casa. Se convirtió en el prisionero de su propia historia. Navegó por la vida buscando las aguas tranquilas de la identidad. A los 17 años formaba parte de un reducido grupo de artistas que intentaban escenificar procesos humanos, representando realidades confusas desde proyecciones sociales diferentes. Para Diego era fácil recurrir a la abstracción de su propia historia. Después de tres años intento borrar su pasado adentrándose en el desesperado mundo de la droga. El fantasma más degenerador de la calidad de vida que quita al ser humano dignidad y libertad..
Los momentos de su vida más oscuros venían teñidos por una idea fija, recurrente. Se veía flotando en medio de la oscuridad y girando cada vez más rápido en una región de si mismo sin nombre, fuera casi del tiempo. La angustia se apoderaba de el y cuando intentaba poner los pies en el suelo, no había nada, se sentía y vivía como alguien sin identidad. El vacío y la nada. Como saliendo de un proceso sin proceso, sentía rabia y confusión.
No le ha sido fácil vivir. Cuando dejó a su madre, apenas había estrenado los 15 años. durante dos años vivió con los tíos de Santiago, allí conoció al grupo de jóvenes artistas con los cuales había formado aquella pequeña compañía de teatro. Más tarde abrumado por la angustia de un pasado no identificado, decidió entrar de lleno en el mundo de la droga. Los primeros meses había fumado porro y más adelante acabó inyectándose drogas alucinógenas. Para Diego la vida se hizo insoportable, era un fugitivo de la felicidad que había perdido y un rastreador de identidad no localizada.
Hace dos meses llegó a Copiapó; un antiguo compañero de adicción, Ricardo Rojas, le había invitado. Los padres de Ricardo realizaban un viaje por Europa y la casa que ocupaban en Bahía Inglesa (Caldera) les brindaba la oportunidad de volver a compartir. En aquellos momentos Diego se encontraba en Arica, allí negociaba la compra y venta de droga que le llegaba desde Perú, ahora era el dueño de su presente, de la caricatura de su presente. Todavía podía asomarse en las noches cerradas y descubrir en la oscuridad como un inmenso fantasma revoloteando sobre su vida.
Aquella noche Diego caminó despacio por la playa, estaba solo, como una inmensidad humana de despojos esqueléticos, sin razón de ser y sin sentido. Se acercó a una roca y quedó inmóvil frente al mar, su mirada era una encrucijada, perdida, sin horizonte, como acariciando el sin sentido que le había acompañado toda la vida. Se veía teñido de inseguridad y con las manos extendidas intento acariciar el viento que levemente le azotaba el rostro despertando en el nostalgia de encuentros, de calor, de vida, se siente cruelmente herido y experimenta un frío intenso que le deja paralizado. Recuerda los días felices de su niñez, en casa con mamá. Todavía huele cada mañana al pan calentito y a la harina tostada que Leticia solía prepararle antes de ir al colegio. La sonrisa abierta y acogedora de su madre es como un martilleo constante en su corazón. Ella fue una mujer egoísta, su opción la colocaba entre la vulgaridad de un maternidad vendida. Pobre mamá.
Leticia había sido hospitalizada en la clínica de salud mental, santa Lucia. Hace varios años que una nube intensa de un presente no aceptado le oprime, le trastorna. Ahora sus horas pasan lentamente acurrucada sobre una fotografía vieja de su hijo Diego. Su mirada es como una pared sin forma ni color. Sostiene esa vieja fotografía que besa y acaricia. Su sonrisa evoca tierras y recuerdos lejanos.
Leticia, pobre Leticia. El estallido de su maternidad se congeló en su corazón después que Diego no le perdonara ser hijo de un padre anónimo, de un donante cualquiera.
También aquel día ella sentía estallar su corazón y un escalofrío le recorrió el alma.
Cuando la hermana Beatriz se acercó a su habitación con la medicación acostumbrada Leticia era ya un suspiro silencioso e inerte. Había traspasado la barrera del tiempo y su corazón dejó de latir. Acurrucada sobre su mejilla estaba la fotografía de Diego. Sor Beatriz la retiró, emocionada puedo leer en el anverso: “Diego el hijo de mis entrañas, la razón de ser de mi vida y de mi muerte”.
Pasada la media noche Diego regresó a casa. Ricardo le recordó que a la mañana siguiente el Dakar estaría llegando a Copiapó, no podían faltar.
- De acuerdo Ricardo, te prometo levantarme rápido. Pero prefiero ir solo, te espero en piedra Colgada, cerca del aeropuerto Chamonate.
Ricardo no entendió ese cambio brusco de planes. El día anterior habían programado acudir juntos al Dakar, incluso un camello que llegaría desde Tacna les entregaría en el lugar una cierta cantidad de marihuana. Intentó disimular su molestia por la propuesta de su amigo y se olvidó del tema.
Diego no ha podido dormir en toda la noche. La última dosis de droga era insuficiente y la ansiedad le conmocionó. Su mente está oscurecida, más oscurecida que nunca. Se apresura a levantarse, sin apenas dejarse notar, toma las llaves del auto y en menos de 10 minutos se encuentra rodeado del inmenso desierto que bordea el trayecto Caldera – Copiapó - Chañaral. Siente una necesidad impetuosa de bajar del auto y dejar que su mirada se pierda en aquel árido paisaje. La realidad externa que le rodea es mas cálida que aquella que bulle en su interior. En medio de ese silencio abrumador, su mente estalla en golpes de destino y como un martilleo constante se agolpa en su mente un calificativo desesperante: “el hombre sin identidad, el hombre sin identidad, el hombre sin identidad”. Lleva 25 años buscando una identidad que le defina como persona y solo los despojos del destino han sido su única respuesta. Es el hombre de nadie, la marioneta social desde el momento de su concepción. Sus ojos, sus cabellos, sus manos, fueron programadas con la misma precisión con la cual se programa un despertador para que suena a su hora. El fue programado para que sonara a los 9 meses, con precisión biológica, sin amor ni calor humano que precisara su primera consistencia como célula humana. Las frías paredes de un tubo de ensayo acunaron su primer indicio como ser humano. La cabeza le estalla. Detiene el auto en cualquier lugar y deja que la realidad sea su juez. Sentado al borde del camino en aquel desierto Atacameño proyecta la mirada hacia un infinito que se vuelve agobiante.
El tiempo de Diego ha pasado. Decide no volver a ser, no quiere seguir en el camino, está cansado de buscar nada porque el no es nadie, para emprender este viaje no necesita identidad, ya no la necesita.
Con paso aletargado, rutinario y frío, Diego proyecta la mirada hacia el infinito y en el profundo silencio del inmenso desierto copiapino su voz se quiebra con un grito desgarrador un grito salido de lo profundo de su ser herido. Si está herido de amor, su esencia humana está herida de amor. La primera percepción de su primer instante de vida no fue el amor sino la elección genética adecuada a la demanda. Tuvo suerte Diego, pudo haber sido uno de los restantes 5 embriones fecundados con él y destinados a la congelación indefinida o a desecho de laboratorio. A él le regalaron la vida, pero le congelaron el corazón.
Pobre Diego, herido de amor desde el tubo de ensayo, no pasó las primeras pruebas de la vida y se quedó con esta asignatura pendiente para siempre.
Después de una semana ( sin ser reclamado ni buscado), el cuerpo de Diego está totalmente cubierto por la arena de este vasto y árido desierto. Allí queda el ser que busco ser y no se encontró. El hombre que gritó humanidad porque se sintió utilizado por esa misma humanidad. Allí queda la imagen de un destino que pudo ser diferente. Allí queda una vida rota, manoseada, formalizada, desestructurada . Allí queda una cifra más de las realizadas en los miles de laboratorios del mundo. Allí queda el grito profundo de alguien que pasó la vida buscando vida.
En el departamento clínico de fertilidad, en la clínica Quirón, el equipo del doctor Dolz, presentó un nuevo proyecto para la fecundación invitro, incluso en el caso de donantes anónimos, la inyección intracitoplasmática. Con este nuevo avance científico esperan poder presentarse al congreso mundial de prácticas de fertilidad y con ello posiblemente el próximo año aumentaran en un 3% los ya existentes 5 millones de niños probetas del mundo. Este avance nos proporcionará una humanidad de nuevos Diegos que deambulen por la vida como fantasmas del tiempo mendigando una identidad que se les negó. Una humanidad impersonal en cifras humanas de laboratorio genético. Una humanidad herida de amor
Aclaración: este escrito lo presento como un cuento ( no para niños) dentro del género literario dramático. No es un relato fuera del tiempo, como suelen ser los cuentos, sino para enfrentar el tiempo. Simplemente presento la problemática que le puede surgir a cualquier ser humano que descubre que no fue fecundado con amor, sino en la fría realidad de un tubo de ensayo con el esperma de un donante anónimo. Tan poco lo presento como una crítica, ya que es solo una opinión personal, lo que me interesa que aprecien es la categoría del escrito y su género.
Sor María Ángeles Martínez Moreno

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