Aun cuando mi sangre fuera derramada ( Flp. 2,18)







AUN CUANDO MI SANGRE FUERA DERRAMADA, ME ALEGRARÍA" (FILIP 2, 18)

Cuando en la lista de posibles colaboraciones para CR encontré este articulo, algo se conmocionó en mi interior y acudieron a mi mente siglos de entrega, años de fe consumada, nombres y rostros de ese sin fín de enamorados/as de la vida que han sembrado la historia de amor, que la han regado con el agua de la palabra rubricada, firmada en el tiempo y en la eternidad. Si, ellos, los mártires, “los que no amaron tanto su vida que temieran la muerte” ( ) Aquellos que peregrinaron al corazón de sus hermanos, los hombres y mujeres de todos los tiempos, y tocaron las zonas empobrecidas, las miserias y los miedos que les esclavizaban. Si Pablo de Tarso hubiese reconocido en los profundo de su corazón que Estaban besaba su ser, cuando dejaron los mantos a sus pies, habría corrido a colocarse a su lado. Tuvo que pasar un tiempo hasta que Pablo saboreó la calidez de aquel beso y se rompieran las cadenas de su verdad: “¿quién eres Señor? ¿soy Jesús a quien tú persigues? .
Hombres y mujeres que han besado nuestro ser con sus vidas, ya no son voz que molesta a quienes no entienden de amor o verdad, son clamor que suena, que vibra, que hace estremecer la tierra reseca regada con su sangre y despierta nuestros oídos sordos y nuestras conciencias dormidas. Ellos nos siguen hablando desde la aldea masacrada de la Alta Verapaz ( Guatemala), desde el altar engalanado de fiesta ( Monseñor Oscar Romero,), desde la universidad que rindió su clase magistral ( Ignacio Eyacurria SJ) desde el silencio de la Trapa que silabea la entrega ( trapenses de Argelia ) desde la palabra profética de Pierre Claveli OP , desde, desde, desde…. cualquier rincón donde el amor se convierta en beso. Cuando Pablo habla a los filipenses de la alegría, ha experimentado muy cerca la fuerza de la cruz, sabe que hace años entró en el sueño de Dios y ha sentido en su ser entero el calor de su cuerpo crucificado . Pablo el hombre de fe, de ojos abiertos y corazón despierto, el apóstol que fue revestido de Cristo, nos invita a la alegría como camino de plenitud hacia el Reino, la alegría que brota cuando hemos convertido la vida en un sueño, el sueño de Dios.
Ellos aprendieron a soñar más allá de lo que el mundo les ofrecía, soñar es lo propio del ser humano, soñar implica arriesgarse a romper módulos conformistas y a trazar fronteras más allá del tiempo y de la historia, soñar no es imaginar un mundo mejor, sino dar la vida por un mundo mejor. Solo sueña quien ama, porque el amor hace de los sueños un proyecto y nos abre el corazón y nos extiende las manos hacia lo imposible, amar y anhelar lo imposible es darle cabida a la eternidad, a la bondad, a la belleza y caminar con la certeza de que somos aquello hacia lo que tendemos, quien tiende hacia Dios necesariamente ha de dar la vida por el hermano/a. Siempre me hizo bien mirar a alguien en actitud orante con las manos extendidas y vacías , manos vacías, sin nada visible y productivo o eficaz, manos cubiertas y rodeadas de tiempo y de historia, manos que reflejan cansancio, ternura, manos que estrujando la vida le dieron sentido y calor, que han llenado huecos y acariciado espacios ilimitados de silencios e intimidades, manos humanas que intentan construir sueños e ilusiones más allá de lo posible e inalcanzable . ¿Soñaba Pablo?. El sueño de Pablo se llamó Jesús de Nazaret.

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