ESTE ES MI CUERPO
Cuando un ser humano se abre al Misterio de Dios, necesariamente se enfrenta a la realidad no solo de su propia humanidad contingente, sino a la realidad contingente de los demás. Se abre a la fragilidad de su ser, que tiene vida, una vida encerrada en un cuerpo que late, que siente, que ama, que se proyecta hacia la belleza, que es capaz de encontrarse y maravillosamente adquiere la posibilidad de entregarse y de manifestarse como cuerpo que genera vida. Durante muchas décadas de años, el cuerpo fue considerado como el león rugiente del ser, como la sombra oscura de anhelos infinitos que se truncaban frente a pasiones e instintos de una base humana sensible y apetecible. El cuerpo era como la pesadilla reticente de corazones espirituales amarrados al tiempo y a la historia. Es curioso constatar como el ser humano en su proceso de evolución pudo desdibujar tan sutilmente una realidad que salio buena ( por que era y es buena) de las manos de Dios “vio Dios todo lo que había hecho y todo era muy bueno” ( Génesis 1,31).
En el intrincado camino del tiempo, cuando la fragilidad lleve al ser humano a saborear la sequedad del polvo del camino y se quede solo en la conquista de su propia libertad, ese Misterio de Dios que le abrió a la vida le ayudará a redescubrir su propia esencia, “a todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de de carne, ni de deseo de hombre, sino que nacieron de Dios” ( Jn 1, 12-13).Desde ese momento el cuerpo pasó a ser templo, lugar de encuentro, acontecimiento teológico de fraternidad universal, donde los hombres y mujeres de la historia han leído su proceso como un proceso de gracia, se han sentido acariciados desde dentro por Alguien que nos dio su Cuerpo como alimento, y su vida como sacrificio. “Porque Jesús , la noche en que iba a ser entregado, sentado a la mesa con sus discípulos, tomó pan y pronunciando la acción de gracias se lo pasó diciendo: este es mi Cuerpo que será entregado por vosotros, haced esto en memoria mía” ( ) Ese cuerpo que ladraba en la noche de los deseos quedó configurado por Jesús como lugar privilegiado de su presencia : “vendremos a el y haremos morada en él” ( ). La profundidad que encierra la carta a los Hebreos nos deja entrever la grandeza de la humanidad que es transformada desde lo peculiar de su corporeidad: “tú, no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo” ( ). La eucaristía muestra tangiblemente que el Amor de Dios quiere entablar un diálogo con aquel proyecto humano que salió de sus manos como una realidad buena y bella. Dándoseme me embellece, acercándose me trasforma , haciéndose mi alimento sacia mi sed y hambre de infinito y mi sed y hambre de entrar en comunión con la humanidad, con la cual aprendí a recorrer un largo camino que llamamos historia. Me parece importante constatar a estas alturas que quizá hemos olvidado con bastante frecuencia que Dios se da para ser compartido, y hemos reducido nuestras celebraciones eucarísticas a meros episodios litúrgicos donde la exactitud de la norma y la belleza de la forma externa en la celebración no nos permiten vislumbrar el verdadero rostro del Cristo que se hace Cuerpo y Sangre invitándonos a entrar en la patena de su entrega para construir con nosotros cenáculos vivos donde entrelazadas las vidas y los corazones podamos dar al mundo frescura , lozanía de Pascua , y con la mirada del alma sepamos descubrir el cuerpo eucarístico del Cristo vivo en el siglo XXI: ese Cristo que sigue sudando sangre en el duro Getsemaní de la injusticia humana . “No, no me deis un Cristo de canto dorados, se me hiela en el pecho…. No me deis un Cristo demasiado lejano, encumbrado en la hornacina de nuestro vivir diario conformista, se desvanece en mi alma/ quiero el Cristo vivo del silencio amante en la fracción del Pan… el Cristo de la vida, el Cristo del encuentro en el corazón del hermano/ el Cristo que vuelve a nacer en el miserable Belén del dolor del pobre… /Necesito al Cristo que hay en ti, el que cada día brota en mi corazón como un impulso nuevo hacia la frontera del amor y la universalidad, el que al rayar el alba se engendra en mi vida como Cuerpo y Sangre que embriaga, hasta hacerme desear ser solo AMOR./ no, no me deis un Cristo de cantos dorados, se me hiela en el pecho “ ( Quiero el Cristo de la Vida. Poesía, M. M ) “Este es mi Cuerpo, haced esto en memoria mía”, acercate a mi ser y deja que pronuncie en ti mi vida, déjame escribir en tu corazón la vida de los hombres y las mujeres , tus hermanos, para que mi Cuerpo prolongado en ellos se manifieste en tu ser con signo de presencia y con matiz de ofrenda.
“
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