
LA SORPRESA DE SER MUJER
No pretendo desarrollar esta pequeña aportación dándole un matiz marcadamente feminista, en la acepción de la búsqueda liberadora de un feminismo que solapadamente proyecta compensaciones únicamente en el sexo, creo sinceramente que a esas “actitudes” no se les puede llamar con propiedad “feminismo”. Al titular este articulo como la “sorpresa de ser mujer”, únicamente quiero sentirme libre para expresar y sentir como mujer y como consagrada la alegría por la vida. Es cierto, el rostro de muchas mujeres está marcado por el peso de una historia que no acaba de ver en la dimensión femenina de la humanidad valores capaces de ofrecer autonomía, seguridad, tenacidad y sobretodo igualdad y dignidad. Rostros que han cubierto su tez materna al precio de la humillación, del abuso, del desprecio del rebajamiento hasta hacerlas sentir y pensar como “meros objetos”. Rostros que nunca han sentido mas calor en su cuerpo que el olor penetrante del alcohol en un agresor sin más derecho de propiedad que la que le ofrece una alianza en la nunca existió el amor. Tantos rostros de mujer heridos que cubren nuestro horizonte humano como el grito silencioso de quienes necesitan descubrir y sentir su dignidad. Creo que sería un ultraje y una profanación a la historia y a la humanidad olvidar y pasar por alto esos rostros y esas historias que triste y desgraciadamente ocupan un espacio importante en nuestro recién estrenado siglo XXI.
Más allá de esta malformación histórica un dato que me parece extraordinariamente bello. Todas las leyendas, mitos, culturas y tradiciones ancestrales presentan el “agua” como símbolo de vida, de fecundidad, de purificación. Según la mitología griega los seres humanos nacieron de las aguas ( de la unión de Climente, una de las Oceánidas con Urano). El agua es como los brazos de la madre que acogen, purifican, armonizan y dan fecundidad. Dentro de los grandes arquetipos de la humanidad el agua simboliza la fecundidad y la feminidad. El agua fertiliza y genera vida.
Ya nadie duda ni científica ni teológicamente que en el agua se formaron las primeras células orgánicas vivas,los llamados “aminoácidos”, que darían lugar más tarde al ácido ribonucléico (ARN) ya al ácido desoxirribonucléico ( ADN) portador de la clave de la herencia genética. (Antropología filosófica. Carlos Valverde. Editorial Edicep. ). Biológica y científicamente está comprobado también que el líquido amniótico ubicado en la placenta, que envuelve al feto durante los nueve meses de su gestación tiene una composición similar a la del agua del mar.¡ Es algo tan maravilloso!, es como si toda la “génesis” de la creación se encontrara unificada en la capacidad materna de la mujer. Como si la historia diese a la mujer la verificación de la existencia. Desde esta perspectiva todavía es más sorprendente ser mujer, sentir la vida y amarla desde dentro, desde mi ser de mujer, desde mi contextura biológica, sicológica, síquica y religiosa.
Los Santos Padres, utilizan una imagen muy expresiva para explicar el sacramento del bautismo. Ellos hablarán de la pila bautismal como el “útero materno” de la iglesia en la cual purificados por el agua nacemos a la vida de la gracia.
El agua aparece en todo contexto como unificadora, purificadora y portadora de vida, en este proceso creacional donde todo adquiere un rostro materno.
La historia nos ha comprado como mercancía barata a un precio muy alto: nuestra capacidad de mujeres al servicio de la muerte ( aborto, píldora del día después etc… ) Nos ha fabricado en el subconsciente cementerios interminables de conciencias rotas para seguir ofreciéndonos a la sociedad como mera mercancía barata al servicio del placer. Necesito ratificar la sorpresa y la alegría de ser mujer, de sentir latir en mi realidad de consagrada el aliento humano de este mundo que camina conmigo, ese calor humano de los rostros humillados de tantas mujeres engañadas y utilizadas, para devolverles no solo dignidad humana sino el brillo y el esplendor de mujeres libres al servicio de la vida
No pretendo desarrollar esta pequeña aportación dándole un matiz marcadamente feminista, en la acepción de la búsqueda liberadora de un feminismo que solapadamente proyecta compensaciones únicamente en el sexo, creo sinceramente que a esas “actitudes” no se les puede llamar con propiedad “feminismo”. Al titular este articulo como la “sorpresa de ser mujer”, únicamente quiero sentirme libre para expresar y sentir como mujer y como consagrada la alegría por la vida. Es cierto, el rostro de muchas mujeres está marcado por el peso de una historia que no acaba de ver en la dimensión femenina de la humanidad valores capaces de ofrecer autonomía, seguridad, tenacidad y sobretodo igualdad y dignidad. Rostros que han cubierto su tez materna al precio de la humillación, del abuso, del desprecio del rebajamiento hasta hacerlas sentir y pensar como “meros objetos”. Rostros que nunca han sentido mas calor en su cuerpo que el olor penetrante del alcohol en un agresor sin más derecho de propiedad que la que le ofrece una alianza en la nunca existió el amor. Tantos rostros de mujer heridos que cubren nuestro horizonte humano como el grito silencioso de quienes necesitan descubrir y sentir su dignidad. Creo que sería un ultraje y una profanación a la historia y a la humanidad olvidar y pasar por alto esos rostros y esas historias que triste y desgraciadamente ocupan un espacio importante en nuestro recién estrenado siglo XXI.
Más allá de esta malformación histórica un dato que me parece extraordinariamente bello. Todas las leyendas, mitos, culturas y tradiciones ancestrales presentan el “agua” como símbolo de vida, de fecundidad, de purificación. Según la mitología griega los seres humanos nacieron de las aguas ( de la unión de Climente, una de las Oceánidas con Urano). El agua es como los brazos de la madre que acogen, purifican, armonizan y dan fecundidad. Dentro de los grandes arquetipos de la humanidad el agua simboliza la fecundidad y la feminidad. El agua fertiliza y genera vida.
Ya nadie duda ni científica ni teológicamente que en el agua se formaron las primeras células orgánicas vivas,los llamados “aminoácidos”, que darían lugar más tarde al ácido ribonucléico (ARN) ya al ácido desoxirribonucléico ( ADN) portador de la clave de la herencia genética. (Antropología filosófica. Carlos Valverde. Editorial Edicep. ). Biológica y científicamente está comprobado también que el líquido amniótico ubicado en la placenta, que envuelve al feto durante los nueve meses de su gestación tiene una composición similar a la del agua del mar.¡ Es algo tan maravilloso!, es como si toda la “génesis” de la creación se encontrara unificada en la capacidad materna de la mujer. Como si la historia diese a la mujer la verificación de la existencia. Desde esta perspectiva todavía es más sorprendente ser mujer, sentir la vida y amarla desde dentro, desde mi ser de mujer, desde mi contextura biológica, sicológica, síquica y religiosa.
Los Santos Padres, utilizan una imagen muy expresiva para explicar el sacramento del bautismo. Ellos hablarán de la pila bautismal como el “útero materno” de la iglesia en la cual purificados por el agua nacemos a la vida de la gracia.
El agua aparece en todo contexto como unificadora, purificadora y portadora de vida, en este proceso creacional donde todo adquiere un rostro materno.
La historia nos ha comprado como mercancía barata a un precio muy alto: nuestra capacidad de mujeres al servicio de la muerte ( aborto, píldora del día después etc… ) Nos ha fabricado en el subconsciente cementerios interminables de conciencias rotas para seguir ofreciéndonos a la sociedad como mera mercancía barata al servicio del placer. Necesito ratificar la sorpresa y la alegría de ser mujer, de sentir latir en mi realidad de consagrada el aliento humano de este mundo que camina conmigo, ese calor humano de los rostros humillados de tantas mujeres engañadas y utilizadas, para devolverles no solo dignidad humana sino el brillo y el esplendor de mujeres libres al servicio de la vida
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